Un acercamiento holístico a la propiedad intelectual y su afectación en el profesional freelance: de la concepción tradicional, al modelo actual pasando por el caso de Megaupload

Cuando se habla de propiedad intelectual se piensa que únicamente es algo que atañe exclusivamente a los escritores de libros y algunos pocos profesionales más. Pues bien, no se puede andar más errado. La propiedad intelectual es algo que de una forma u otra, indirecta o directamente y, en un grado u otro, afecta a todas las personas.

La propiedad intelectual es algo que afecta a todas las personas pero, muy especialmente, puede afectar y afecta a los profesionales freelance, y les puede afectar en doble sentido. A los trabajadores freelance les puede afectar siendo ellos los perjudicadores o les puede afectar siendo ellos los afectados.

En el primero de los supuestos, como perjudicadores, los trabajos freelance se puede poner cuando se utilizan fotografías que no son propias y que están cubiertas por derechos de autor y, en el segundo de los supuestos, por ejemplo se puede poner cuando se escribe un artículo en el blog de la web donde se anuncian los servicios profesionales y alguien lo plagia y se lo publica como si fuese suyo.

Pueden parecer cuestiones banales y alejadas de situaciones que provoquen grandes pérdidas y en estos concretos casos así es, pero simplemente debe de servir como muestra para ver el alcance del daño que se puede llegar a ocasiones, si desde lo más pequeño ya supone un grave problema imaginemos lo que puede suponer lo mismo en cuestiones o situaciones más delicadas.

Pero en este artículo no queremos realizar un acercamiento al tema del mismo modo que ya se ha realizado en otras ocasiones y que es muy habitual realizarlo en muchos sitios, no se quiere exponer ni el modo de combatir la piratería, los ataques y los daños a la propiedad intelectual  ni tampoco se quiere exponer las penas, las consecuencias que puede tener el infringir los derechos de la propiedad intelectual, al contrario, se quiere hacer un acercamiento más holístico, más conceptual sobre la propiedad intelectual, el impacto de internet sobre la misma y el alto impacto de todo ello en los profesionales freelance.

Antaño, antes de la existencia de Internet, también existía la piratería, también existía la vulneración de los derechos de autor y, en consecuencia, se producían delitos contra la propiedad intelectual, incluso algunos de inocentes (quien que tenga más de 30 años) no se ha grabado canciones en un casete o en un CD de una música que por ejemplo estaba escuchando en la radio o quien en la universidad no se ha escaneado e imprimido libros enteros con el fin de no tener que pagar el coste entero del libro en cuestión. Lo que sucede es que en esa era el alcance era mucho más limitado.

La era de Internet lo que hizo fue abrir las puertas a que cualquier contenido que fuese subido a la red (o incluso sin ser subido pues alguien podía copiarlo o grabarlo y subirlo y reproducirlo y distribuirlo sin el consentimiento del titular de los legítimos derechos de la obra) pudiese ser fácilmente pirateado. Si a ello se le suma que una corriente de pensamiento de la “cultura libre y abierta” que abogaba y aboga por la libre circulación de los contenidos la situación se hizo mucho más grande, tan grande que incluso hizo primero tambalear los cimientos de la industria musical y luego la transformó para siempre, y de ahí a la industria cinematográfica o a la del libro tan sólo ha tenido que pasar el tiempo pues, en la actualidad, la problemática (la del libro con sus distintos tiempos y matices) es la misma.

Con ello, con la irrupción de Internet lo que sucedió es que agitaba y tambaleaba para siempre el concepto (como muchos otros conceptos ha hecho tambalear y derrumbar Internet) de la propiedad intelectual, ha cambiado la forma de consumir los contenidos pero también ha cambiado la forma de entender la propiedad de esos contenidos.

Obvia y evidentemente, y como no se podía esperar otra cosa, las industrias y las personas afectadas (no olvidemos que no sólo las “malísimas” discográficas se vieron perjudicadas por la canibalización y la piratería de los contenidos que gestionaban, sino también pequeños artistas y escritores se vieron de golpe y porrazo en la ruina por no poder seguir viviendo de los derechos de autor) se rebelaron contra ello y de allí salió y se manifestó con fuerza la oposición a esa mentalidad del “todo gratis” que se propugnaba desde el otro bando.

Uno de los casos más destacados y conflictivos de todos se produjo con el cierre de Megaupload y persecución legal y policial espectacular con un fin mediático clarísimo de sus responsables. Ese cierre supuso un acto de censura sin precedentes para unos (que contratacaron mediante el hackeo de importantes sitios Web) y como un acto de mantener un determinado status quo por parte de otros.

La verdad es que sin entrar en juicios de valor y sin tomar posición por ninguna parte bien puede decirse que (como suele suceder con muchas cosas) ambas partes tienen su parte de razón. Por un lado, los defensores de una cultura libre y la libre circulación de contenido están en una dinámica de un mundo y de un entorno global que camina hacia esa dirección, pero no deberían confundir la cultura libre y abierta, la libre circulación con el todo gratis.

Y, por otro lado, las grandes empresas afectadas deben entender que su modelo de negocio está obsoleto y que o se adaptan o perecen. Los pequeños creadores, autores y artistas deben también entender que el mercado ha cambiado y que ha llegado el momento de generar vías de ingresos paralelas a los derechos de autor, vías de ingresos que paradójicamente se generan en el mismo Internet, todo ello sin, por supuesto, renunciar a la legítima defensa de que sus contenidos no sean utilizados sin su consentimiento y beneficio, pues una cosa es dejarlos abiertos y otra cosa dejar plagiarse o robarse directamente y no ganar nada por ello.

La solución conceptual a lo anterior no es fácil pues siempre convivirán dos visiones muy diferentes de ver y de enfocar el asunto, siempre convivirán visiones contrapuestas lo que resulta claro es que en muchos de estos casos (y algunos como, por ejemplo, Spotify lo han entendido perfectamente) pasa por modelos freemium y, sobre todo, pasa por ofrecer (caso Netflix) contenidos de alta calidad a un precio módico y con suscripciones flexibles y que aporten valor añadido.

A lo largo de la historia todo se ha ido transformando y todo se seguirá transformando, y ni es bueno enrocarse en una posición maximalista de defensa de lo que ha sido siempre así pues guste o no guste ya no lo es, y tampoco resulta nada bueno en aras de la modernidad, la libertad y la prosperidad incurrir en la delincuencia y un malentendido uso de los derechos sociales, dicho de otro modo tan malo es el inmovilismo como confundir la libertad con el libertinaje, de confundir la necesidad de una sociedad abierta con la de laminar los derechos de nadie.

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