La afectación de la cuota de autónomos, del IVA y del IRPF en el profesional freelance

El profesional freelance, conceptualmente, puede decirse que es un autónomo a la vieja usanza, al que simplemente se ha adaptado el uso del término y se ha ampliado el abanico de funciones que desempeña, pero no deja de ser un autónomo con las mismas obligaciones legales y administrativas de todo tipo que cualquier otro.

Ante esta realidad, y llegado el momento de emprender una actividad profesional, el profesional que va a desempeñar su actividad como freelance debe decidir qué forma administrativa va a tomar para desarrollar la labor, si bien va a hacerlo como un autónomo (de entrada es así en la gran mayoría de los casos) o bien si se va a dotar de personalidad jurídica propia articulando su actividad freelance a través de una sociedad.

Enfocando el asunto en el primero de los supuestos, y dejando de lado otros aspectos sumamente interesantes como, por ejemplo, las implicaciones fiscales de una u otra opción, así como otras consideraciones, puede decirse que el profesional freelance se enfrentará a un triple reto (además de los demás retos intrínsecos de desarrollar y tirar el negocio que ya de por sí mismo es algo titánico): el de la cuota de autónomos, los pagos de IVA y los pagos del IRPF.

En este mismo blog, en muchas ocasiones, se ha hablado de las obligaciones burocráticas en general y tributarias en particular a las que se enfrenta un freelance, pero en este caso se va a dar un nuevo paso y en lugar de centrarlo en la forma y fondo técnico de estos pagos y en cómo deben hacerse, se va a visualizar desde el punto de vista de la afectación que este tipo de pagos tienen para la competitividad misma de la actividad del profesional freelance.

Debe entenderse que, obviamente, en este artículo se está tratando sobre una realidad meramente local (en este caso la realidad local de España) pues esta afectación a la competitividad y demás diferirá enormemente según el país y las obligaciones de este tipo que en cada uno existan.

El caso de España no es el caso en el que se pueda decir que precisamente los profesionales autónomos, que los profesionales freelance encuentran su paraíso, más bien todo lo contrario y ello es muy perjudicial para este sector, para la competitividad de muchos profesionales y de muchas profesiones y del desarrollo mismo del Estado. España es un país con demasiadas regulaciones burocráticas y es un país donde el profesional autónomo debe lidiar con una serie de obligaciones administrativas, fiscales y de otra índole que no hacen nada más que entorpecer su actividad.

El sistema debería estar pensado para fomentar el auto-empleo, la riqueza y el desarrollo económico, pero en el caso de España se encuentra bastante en el furgón de cola y no tiene nada que ver con otras realidades como la estadounidense, la inglesa o incluso la más cercana realidad francesa donde los profesionales autónomos encuentran un escenario mucho más apropiado para poder desarrollar su actividad.

A nivel fiscal, la imputación directa en el IRPF personal de aquello generado a nivel de la actividad profesional que se desarrolle es una las claves del asunto. En realidad, ésta no es la peor de las obligaciones que se encuentra en el desempeño de la labor y técnicamente es muy parecido a otras realidades de otros países, si bien podría discutirse el exceso de papeleo trimestral y anual que debe llevar a cabo, así como los niveles de presión fiscal soportados, pero cabe reiterar que (a parte de la mencionada excesiva burocracia y la pesada presión fiscal), éste no es el elemento que lastra más la actividad profesional.

También es cierto que en la mayoría de las ocasiones estos pagos trimestrales acaban convirtiendo al autónomo en un financiador involuntario del Estado que le retiene por la fuerza un dinero que después, al cabo de un año sin intereses le devolverá.

Otro tema es del IVA, en este caso el autónomo se convierte en una especie de recaudador del Estado. Éste tampoco es un tema que afecte especialmente a la competitividad del profesional a nivel económico directo (independientemente de la afectación que el tipo de IVA tenga en que sea o no competitivo en el marcado) pero sí también a nivel burocrático.

Ahora bien, donde sí resulta evidente que el Estado es un lastre para el profesional autónomo es en la cuota que viene obligado a satisfacer mensualmente a la Seguridad Social. Un sistema de una cuota mínima fija enorme (ronda los 300€) y trabaje el mismo un día o todo el mes y facture uno o un millón de euros es absolutamente injusto y castrador.

Mucho se habla de la modificación del sistema, mucho se habla de adaptar el sistema de pagos a la seguridad social según el nivel de facturación del autónomo, mucho se habla pero la verdad es que pasan los años, pasan las décadas y se alternan gobernantes de todo color político y la realidad sigue siendo la misma, la realidad sigue siendo igual de mala, de nefasta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: