El Copyright, sus alternativas, el ISBN, el Depósito Legal y otras consideraciones legales para generadores de contenido escrito

Muchas veces, en este mismo blog, se ha hablado de los derechos de autor y de aspectos relacionados con el mismo pero, sobre todo y especialmente, se ha realizado desde la vertiente de aquel profesional freelance que presta servicios a terceros y se dedica a realizar contenidos escritos para los mismos, para sus clientes, pero en pocas ocasiones se ha enfocado desde el prisma de que es el propio profesional freelance quien generar sus propios contenidos para venderlos por sí mismo, bien sean libros tipo novela, trabajos de investigación u otros.

Hoy en este artículo vamos a enfocar el tema desde esta perspectiva y lo vamos a hacer pues nacen muchas consideraciones de tipo legal que conviene conocer tanto para poder tener protegido el contenido que se elabora como luego para comercializarlo con seguridad.

Responder a preguntas tan esenciales como si los derechos de autor que se tienen elaborando el texto para uno mismo son los mismos que se elaboran para terceros, o bien responderse a aquello que es y aquello que no es el ISBN o el Depósito Legal (DL), así como si es mejor comercializar los contenidos directamente o bien intentar buscar un intermediario (normalmente una editorial), son respuestas ineludibles si lo que se pretende es como comercial freelance crear, generar contenidos y luego comercializarlos, o como mínimo distribuirlos para darse a conocer como escritor, redactor, guionista o lo que sea.

Comenzando por el principio diremos que en relación a los derechos de autor no existe diferencia entre si el material se crea para uso propio como si se crea para terceros. El mero hecho de crear ya hace que se tengan todos los derechos inherentes a tal creación, es decir, todos los derechos que otorga la propiedad intelectual tanto en lo relacionado en los derechos morales como a los derechos patrimoniales.

Ahora bien, existe una clara y evidente salvedad entre sí, el material es creado para usos propios, ya sea para comercializarlos con fines lucrativos como si es para divulgarlos para otros fines, o bien si es para terceros (por ejemplo el hacer un libro o un artículo para un cliente que lo haya contratado). Mientras en el primero de los supuestos es evidente que se mantendrán intactos todos los tipos de derechos en favor del titular de los mismos, en el segundo de los supuestos, los morales siempre estarán en posesión del titular de la obra pues los mismos son intransferibles por naturaleza, pero los patrimoniales lo más normal y común es que los haya cedido a quien se los haya contratado pues por algo se los habrá contratado, como mínimo para poder hacer uso de los mismos y probablemente para poder explotarlos comercialmente).

Una vez queda claro que la naturaleza de los derechos de autor es la misma, también debe quedar claro que la forma de protegerlos también lo es. En ninguno de los casos legalmente es necesario registrarlos en ningún sitio (por mucho que nos puedan hacer creer), pero sí que resulta evidente que por el valor probatorio que tiene el registrarlo se recomienda encarecidamente realizarlo tanto sea para uso propio, como para luego cederlo a un tercero. En este caso el encargado de registrarlo siempre debe de ser el creador de la obra quien después eventualmente en todo caso cederá los derechos y no al revés. Un aspecto también determinante en este punto que debe saberse es que mucha gente parece entender que de registro de propiedad intelectual sólo existe el que es público, de las administraciones públicas. Nada más lejos de la realidad, cierto es que esa es una opción, pero sólo es una opción, cualquier otra opción de empresas fiables privadas que ofrezcan ese servicio o incluso un notario (aunque este último supuesto del notario es mucho más costoso) son técnica y legalmente válidos.

En relación al ISBN diremos que se trata de una especie de matrícula del contenido creado. Cuando se va a editar parece que indefectiblemente debe obtenerse un ISBN, tampoco uno debe dejarse engañar: el ISBN sólo tiene sentido si quiere venderse el libro pues es el código internacional que le permitirá a las librerías localizarlo fácilmente.

En relación al DL decir que sobre el mismo casi no cabe ni entrar a mencionar nada. Si bien legalmente pudiera ser un requisito “regalar” estas obras al estado (en realidad, esto es de lo que trata el Depósito Legal), en realidad ello es algo anacrónico y que ya no debe aplicar a muchos tipos de contenidos que debamos publicar. Un libro editado, en librerías y publicado, puede tener sentido que se saque el DL, pero para obras digitales y demás rotundamente no.

Finalmente, indicar que la respuesta a si es mejor auto-editarse o buscar un editor, no existe respuesta buena pues ya no sólo se trata de cuestiones objetivas sino también de lo subjetivo de los deseos e ilusiones del autor. Quien este artículo firma es un firme defensor de la autoedición por el control que se mantiene de la obra, los beneficios y demás, pero por supuesto es una opinión y para gustos los de cada uno.

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