El valor de la prueba para el freelance

En cualquier conflicto, la prueba lo es todo. Así de claro y contundente puede uno expresarse cuando se habla de aquello que más importancia tiene, de aquello que más calado tiene para resolver cualquier situación de conflicto. Por incomprensible e injusto que parezca, el valor de la prueba es, incluso, superior al valor de la razón. En este artículo vamos a analizarlo desde la perspectiva de su relación con el profesional freelance.

Si surge un conflicto y se acude ante la justicia para resolverlo, lo capital, lo imprescindible, es poder demostrar lo que defendemos y ello debe hacerse con las correspondientes pruebas. De nada servirá tener la razón, de nada servirá ser los poseedores ciertos de la verdad si esa verdad no podemos demostrarla. Puede ser injusto, pero es así. Se puede tener la razón, se puede estar diciendo la verdad, pero la vida no es una película en la que “la verdad siempre sale a la luz y siempre gana”, la verdad debe demostrarse y ello pasa por tener las pruebas que así lo hagan.

Ahora bien, aunque se tenga la razón, aunque se disponga de la verdad y se crean tener pruebas que lo demuestren pueden aún no ser suficientes. No basta con creer tener pruebas, es necesario tener las pruebas, pruebas que sirvan, que puedan utilizarse para defenderse. Y ¿todas  las pruebas sirven? ¿En qué afecta ello al profesional freelance? Veámoslo en las siguientes líneas.

Pongamos el caso de un profesional freelance que trabaja a distancia con sus clientes y los mismos no le pagan uno de los servicios que le han contratado. A partir de ese impago (y más allá de la dificultad de demandar o de reclamar si se trata de servicios a distancia, en distintos países, etc., por lo que es adecuado establecer formas de pago y condiciones que minimicen el riesgo) nacerá un proceso de reclamación, puede ser amistoso o litigioso, sí se llega a este último disponer de las pruebas necesarias se convertirá en esencial.

Siguiendo con el ejemplo anterior (y entendiendo también que siempre deberemos estar al tenor de lo que establece cada legislación nacional, en este artículo se habla de una situación general y genérica), ante el impago de un cliente, cualquier mínimo manual de consejos básicos de cómo actuar ante un impago nos dirá que lo más importante de todo es que todo figure por escrito, que hayamos guardado todos los emails, etc., ello es cierto pero sólo con ello no basta.

Ciertamente, ante un juez no existe un baremo exacto de aquello que podemos decir de las pruebas que resultan admisibles o que no lo resultan pues dependerá del juez que las acepte o no, pero debemos partir de unas premisas básicas:

Todo lo pactado verbalmente es absolutamente válido, pero no nos servirá de nada ante un juez sino disponemos como mínimo de testimonios imparciales que corroboren que oyeron lo pactado. Y aun así, todos los pactos verbales siempre son difíciles de demostrar.

Guardar toda comunicación escrita es capital, pero no sirve guardarlo todo y de cualquier manera. Obviamente que lo ideal sería contar con la documentación física firmada de puño y letra por la contraparte, pero como que ello no es posible en la mayoría de los casos es importante que lo que se guarde digitalmente se pueda realmente probar de donde proviene.

¿Son aceptables los emails, capturas de pantalla, contratos firmados online? Técnicamente sí, todo medio es aceptable para sellar el acuerdo, pero lo ideal es que todos estos documentos, si se desea que tengan plena validez jurídica tengan las máximas garantías posibles.

Guardar un email puede resultar muy útil, pero en caso de conflicto la dificultad estribará en poder demostrar que ese email realmente nos lo envío el cliente que ahora no quiere pagar. Si el cliente reconoce que es suyo sin problema, pero sí se le ocurre simplemente impugnarlo y no reconocerlo existirá una gran dificultad para poder demostrar que ese email lo envío él.

Todo lo anterior encuentra hoy fácil solución en multitud de herramientas gratuitas y de pago que en la actualidad pueden encontrarse por Internet. Si existen emails importantes siempre es mejor enviarlos por sistemas que certifican el contenido de lo escrito y certifican quién lo recibió, cuando lo recibió. Ello se extiende a otros casos como los contratos firmados online, las capturas de pantalla o incluso los mensajes por teléfono enviados.

Todo lo que se envíe debe ser lo más certificado posible. Si se firman contratos online existen empresas que ponen herramientas a nuestra disposición para garantizar la integridad de lo firmado. Sí se realiza una captura de pantalla mejor hacerla con una herramienta que certifique a esa hora, en ese momento y la Web que hemos capturado salía lo que luego decimos que salía, y lo mismo con los mensajes, un WhatsApp puede tener validez, pero siempre que la otra parte lo reconozca, ¿sino cómo demostramos que realmente lo enviamos y a quien lo enviamos? Una vez más servicios de certificación (SMS, etc.) puede sernos de gran utilidad.

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