Diferentes tipos de freelance: el asalariado, al autónomo dependiente y el autónomo independiente

En este artículo vamos a tratar las distintas básicas formas en las que un profesional freelance puede prestar sus servicios. En este mismo sitio muchas veces se ha expresado que un profesional no tiene que ser indefectiblemente un autónomo tal y como se entiende el término “autónomo”. En las siguientes líneas nos adentraremos en este ámbito.

Tal y como se ha dicho también en muchas otras ocasiones, ser un profesional freelance no es una condición relacionada con el tipo de servicio en la que se presta, es una condición relacionada en la forma en la que se presta, y ésta no tiene que coincidir con las modalidades administrativas extendidas de asalariado que trabaja por cuenta ajena o profesional que trabaja por cuenta propia bajo el formato de “autónomo” o de “empresario”.

Las modalidades administrativas son, como bien indica la palabra, modalidades administrativas, nada más. Y el tipo de trabajo que se realiza es la profesión que se desarrolla, no es la forma con la que se presta. Uno es escritor, médico, abogado o lo que sea y, en todo caso, desarrolla su actividad como freelance, su actividad no es la de freelance.

Cierto es que en el imaginario popular denominar a alguien como un profesional freelance se asocia con un profesional autónomo. Coloquialmente, el concepto “freelance” se ha equiparado al concepto “autónomo”, es la forma moderna de denominar a éste, pero en pureza no es así.

A todo ello ya se han realizado acercamientos y se ha mencionado en otros artículos de este mismo sitio, pero ahora falta adentrarse en un asunto clave: si un profesional puede prestar sus servicios de distintas formas, ¿cuáles son esas formas? Veamos.

De entrada, es necesario aclarar dos cosas antes de adentrarse más en este aspecto: la forma en la que se prestan los servicios o en la que se desarrolla la actividad profesional determina las consecuencias legales y la configuración legal de cada prestación o desarrollo de actividad, si bien en este artículo sólo se mencionará bajo el prisma de la realidad legal española. Después, cada realidad nacional será, o podrá ser, diferente según sus características y particularidades concretas.

Y, en segundo lugar, cabe decir que el modo de trabajo freelance va muy íntimamente asociado a un cambio de paradigma en el que se debe entender el trabajo como una prestación de servicios en lugar de como una prestación de servicios, más como profesionales del conocimiento del siglo XXI que no como profesionales industriales de los siglos XIX y casi todo el siglo XX, pero ese sería un tema que nos alejaría del auténtico objetivo de este artículo y en todo caso el mismo debería ser desarrollado de forma independiente en un artículo exclusivo a ello.

En realidad, existen dos grandes formas de prestar los servicios freelance:

En primer lugar, un freelance puede prestar sus servicios como todo el mundo entiende la figura de un freelance, es decir, puede prestarlos como un autónomo, en otras palabras, como un empresario individual que busca clientes, les realiza presupuestos, les presta sus servicios y les cobra y factura por ello. Dicho de otro modo, el trabajador por cuenta de toda la vida. De esta modalidad nacen, entre otras, la obligación de estar dado de alta en el régimen correspondiente a los autónomos de la Seguridad Social, estar dado en el alta como prestador de actividades fiscales y cumplir con las correspondientes fiscales, etc.

Po otro lado, un profesional freelance también puede prestar sus servicios en modalidad de asalariado, es decir, un empleado que tiene a un empleador el cual le paga por realizar unas tareas profesionales. Los derechos y las obligaciones con el cliente, en este caso el empleador, son diferentes y también difieren, por ejemplo, las obligaciones ante el fisco o la seguridad social.

Luego existen tres modalidades de prestar los servicios o desarrollar las actividades profesionales de forma freelance que no son conocidas por el gran público, pero que están a la orden del día:

Un profesional freelance, que preste sus servicios profesionales a modo de profesional autónomo (tal y como se ha visto en los supuestos anteriores mencionados) y constituya por sí mismo una sociedad con personalidad jurídica propia (por ejemplo, una SL) para desarrollar su actividad, no dejará de ser un profesional freelance, pues seguirá prestando sus servicios de esa forma por mucho que pase a ser autónomo de esa sociedad o se ponga el mismo como asalariado de la misma.

También existen los denominados “falsos autónomos”, es decir, aquellos profesionales a los que contrata una empresa en teoría como autónomos pero que en la práctica son asalariados. Según como se configure puede ser legal, pero mucho cuidado pues legalmente no se puede enmascarar una relación laboral como si se tratase de una relación mercantil, si bien eso no quita que se pueda ser autónomo dependiente de un solo cliente o lo que fuere, pero antes de determinar qué tipo de relación corresponde es bueno asesorarse adecuadamente para no incurrir en formas ilícitas de prestar o contratar o disponer de servicios profesionales.

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