Cómo puede un profesional freelance recuperar los derechos sobre sus contenidos en caso de incumplimiento del cliente

Una mayoría importante de profesionales han sufrido algún impago alguna vez en su vida. Son muchos los profesionales que después de haber realizado el trabajo el cliente no les ha pagado, y sin duda, ello genera una gran frustración.

Una gran frustración y, por supuesto, también un gran daño económico. Evitar los impagos al 100% no es posible, aunque siempre se podrá limitar el riesgo estableciendo condiciones de pago que nos beneficien y no aceptando otras, pero más allá de ello conviene detenerse en otro tema concreto y ello es lo que va a hacerse en este artículo.

Tal y como se decía, un impago produce un daño económico, pues se ha realizado un servicio y se deja de cobrar el dinero acordado por ello, pero más allá del daño económico que pueda producirse, en muchas ocasiones, lo que más afecta al profesional es el daño moral de haber trabajado para nada, de haber realizado el esfuerzo en balde.

Ello, en los trabajos creativos, en los servicios donde lo que se crea está protegido por la propiedad intelectual, es especialmente sangrante, pues además del impago y de que el cliente se quede con el servicio o producto sin pagarlo, además puede darle un uso comercial y exhibirlo y mostrarlo delante nuestro sabiendo que no lo ha pagado.

Ante esta situación pueden tomarse distintas acciones y medidas para minimizar tales acciones, y para en el caso de que igualmente se produzcan poder combatirlas eficazmente.

El primero de los puntos más recomendables es que exista un presupuesto y un contrato plasmado por escrito donde consten clara y detalladamente las condiciones y resulte aceptado por las partes. Obviamente, este tipo de elementos que deberían ser comunes y recurrentes en el ámbito freelance no se producen, ello no tiene por qué ser negativo por sí mismo pues si, por ejemplo, se guardan los emails entre las partes y otras comunicaciones, las mismas pueden llegar a ser válidamente legalmente (incluso podría ser válido un acuerdo verbal) pero, en estos casos, llegado el caso de conflicto judicial es más difícil demostrarlo, pues por todos es sabido que los hechos son importantes pero que poder demostrarlos fehacientemente resulta indispensable.

Por supuesto, otro documento que no debería faltar es la factura por cada servicio que prestemos, ello además de ser otro documento que protegerá a las partes, resulta imperativo legalmente por cuestiones tributarias, pero ese en todo caso sería otro tema.

Una buena estrategia para que el cliente que incurra en impago no pueda hacer uso legalmente de los contenidos que se le hayan creado es poner en una cláusula del contrato que la cesión de derechos que corresponda sólo entrará en vigor una vez recibido el pago completo de la totalidad del servicio.

Lo anterior no evitará que el cliente no pague de no querer pagar, pero posibilitará que de no pagar los derechos patrimoniales (o también denominados de explotación que se le hayan cedido (los morales son inalienables e irrenunciables por parte del autor que los tiene de por vida por el mero hecho de ser el creador de la creación, permítase la redundancia) rápidamente se pueda hacer uso del contenido enviado e intentarlo vender a otro cliente para amortizarlo, o sino guardarlo o destruirlo, pero como mínimo que quien no ha pagado no pueda hacer uso de ello.

Otro aspecto que se debe tener muy en cuenta es que no todo impago da derecho a que sin más el profesional a quien no le han pagado recupere el contenido y le de uso, pues en realidad el incumplimiento de contrato de una parte puede dar derecho a la rescisión unilateral del acuerdo sí así consta en el acuerdo, pero dicha rescisión no tiene que conllevar automáticamente la nulidad de los derechos cedidos de no constar en un apartado o cláusula de lo acordado, de ahí la importancia de lo que se mencionaba en el párrafo anterior.

Por supuesto, habrá ocasiones que no resulte rentable emprender acciones ni realizar nada por el poco importe que pueda adeudarse, cada uno debe valorar hasta qué punto resulta interesante imbricarse en una lucha por los derechos de explotación. Cada caso será un caso particular y debe tenerse muy presente el coste de las acciones que se puedan tener que emprender.

Obviamente, si ante los avisos que se le puedan dar al deudor y ante las negociaciones que se puedan mantener no existe acuerdo, no hay lugar a una entente entre las partes, entonces sólo quedará el camino de la reclamación judicial sí se desea. Sin duda alguna, esta puede llegar a ser la vía más eficaz, pero también la más costosa (con diferencia) y lenta (comúnmente con diferencia también). Por ello, esta opción siempre debe plantearse como la única opción.

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