La ley, las profesiones reguladas y los trabajadores freelance

El ámbito de las profesiones freelance es muy amplio. En realidad, una gran parte de las profesiones existentes en la actualidad ya se pueden prestar de forma freelance, y esta tendencia va a más en los próximos años. Sin duda alguna, la modalidad de desempeño profesional mediante el sistema freelance ya está muy arraigado entre nosotros y su futuro es esplendoroso.

Este gran y largo alcance de las profesiones que pueden ser llevadas a cabo como freelancers trae múltiples consecuencias en la misma estructuración social y tiene un impacto tremendo en las mismas regulaciones laborales actualmente existentes. La mayoría de economías del mundo van avanzando en adaptar sus legislaciones para dar cabida a una realidad cada vez más presente, pero sin duda aún queda un largo trecho por recorrer.

Además de todo lo anterior, unos mercados cada vez más abiertos e interrelacionados, un mercado mundial en la práctica único y fuertemente desregulado da pie a muchos otros aspectos que se podrían atender, pero sin duda uno de ellos llama poderosamente la atención. Y este no es otro tema que el que versa sobre las profesiones reguladas y los profesionales freelance.

De entrada debe decirse que de forma general en la mayoría de países del mundo prevalece la libertad en la prestación de servicios, es decir, cualquier persona, en cualquier lugar, puede prestar el servicio o servicios que desee. Por supuesto, el grado de libertad en la prestación de servicios difiere según la realidad nacional de la que se esté hablando y, por supuesto, también esta libertad no es absoluta.

Cabe decir lo anterior pues puede parecer que en un mercado que es global, las contrataciones online y pocos elementos que se interpongan por en medio, podremos ofrecernos y podrán contratarnos para cualquier actividad profesional, pero no debemos olvidar que en cualquier ámbito de la vida profesional (y en consecuencia también en el ámbito del desempeño freelance) existen profesiones que por su naturaleza, que por su particular idiosincrasia requieren de una titulación específica o de una habilitación oficial concreta para poder ejercerla.

Así, lo primero que debe decirse es que cierto es que como profesionales freelance podremos prestar todos los servicios que deseemos, pero cabe añadir que ello será así siempre y cuando reunamos los concretos requisitos establecidos administrativamente para poder ejercer tales profesiones.

Decir lo anterior puede parecer obvio y de Perogrullo mencionarlo, pero no lo es tanto cuando se comprueba que existen grandes confusiones respecto a ello por parte de muchos profesionales y que en ocasiones se confunden las debidas obligaciones administrativas para poder ser freelance (alta en el fisco, en la Seguridad Social, etc.) con la habilitación personal para poder ejercer una determinada profesión en la modalidad que sea.

Tal y como se decía, en general, e independientemente de la modalidad como se presten los servicios (como asalariado, autónomo, etc.), prima el principio de libertad de ejercicio de una profesión. Dicho de otro modo, independientemente de que disponer de capacitación profesional sea un plus o incluso un requisito que pueda requerirse para ejercer adecuadamente una profesión, en pureza no puede decirse que para poder ejercer la mayoría de profesiones necesitemos tener un título o habilitación concreta, pero ello no siempre es así.

Y ello no siempre es así en distintos ámbitos (más allá también de muchas profesiones no técnicamente reguladas pero que sí cuentan con certificaciones o análogas optativas que dan fuerza en el ejercicio de su profesión a quien las posee), pero sobre todo no es así en ámbitos relacionados con la salud o el derecho.

Por ejemplo un médico no puede ser oficialmente médico de no tener unos concretos estudios y un determinado título que le habilita, y lo mismo sucede con los abogados. También sucede algo parecido con los arquitectos y, en general, con todas aquellas profesionales cuya prestación desregulada puede poner en riesgo la vida, la salud o la integridad de las personas.

En algunos países existen figuras híbridas (por ejemplo el paralegal en los Estados Unidos de América u otras) que permiten poder ejercer determinadas profesiones (en el caso aquí expuesto del ámbito legal) sin precisar de la titulación que se requiere de profesiones “hermanas”. Esta es una forma de que personas con conocimientos y capacidades técnicas suficientes para el desempeño de una línea profesional puedan desempeñar ciertas labores en ese ámbito sin invadir en ningún caso las tareas en exclusiva reservadas a las profesiones que se requiere titulación.

Siguiendo con el ámbito legal o de la salud (por poner unos ejemplos pero puede resultar extrapolable a muchas otras ramas profesionales) decir que otra solución es ofrecer servicios alternativos, bajo una figura distinta a la oficialmente requerida pero que también permita poder poner en valor todos aquellos conocimientos de los que se dispone, y hacerlo de forma completamente legal.

Finalmente, indicar dos asuntos que resultan de capital interés:

Por un lado, mencionar que por supuesto la obligación de reunir unas determinadas exigencias administrativas para poder ejercer, dependerá tal y como ya se ha visto de cada país, pero esto no debe llevarnos a engaño: si por ejemplo somos unos profesionales radicados en España y queremos prestar servicios en México (por poner una vez más un simple ejemplo de dos países, pero se podrían nombrar todas las variables existentes en el mundo) no bastará con que reunamos los requisitos para ejercer en un país, para poder ejercer deberemos estar habilitados en ambos.

Esto es especialmente reseñable en el caso de los profesionales freelance, pues para estar dados de alta y prestar los servicios en el país que residimos debemos reunir los requisitos legales y del mismo modo si debemos prestar estos servicios en otro país para poder ejercer en el mismo debemos reunir los requisitos de ese país también. Otro caso es el que simplemente nos desplacemos y nos demos de alta en el país en el cual resultamos habilitados pero ese sería otro tema.

Y, por otro lado, mencionar que por lo general el mundo (y especialmente por ejemplo el caso europeo, y más particularmente el caso español con la proyectada LSP, es decir, la Ley de Servicios Profesionales que debe aprobarse y que impulsa la Unión Europea a su aprobación) tiende a una mayor liberalización de las profesiones y las cortapisas de entrada cada vez tienden a ser menores, mucho menores.

Así todo parece indicar que en los próximos años se verá una drástica reducción de aquellas profesiones que tienen requisitos de entrada, e incluso todo parece indicar que para las profesiones en las que permanezca algún tipo de requisito legal para poder ejercer estos serán más laxos y sin duda tendrán unas particularidades diferentes  a las actuales.

Todo ello tiene que contribuir ya no sólo a impulsar la economía sino también poner en valor y dar cabida a una nueva realidad global de conocimiento, desempeño de profesiones y formación que ya, en muchos casos afortunadamente, ya no pasa sólo por las titulaciones y homologaciones tradicionales, sino que se abre paso una nueva realidad abierta, global y digital. Se abre paso una nueva era de capacidades, conocimiento, formas de capacitación e interoperabilidad entre muy distintas realidades y muy distintos esquemas nacionales y profesionales, esquemas que resultan dispares pero obligadamente relacionados.

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