RDL 1619/2012 y distintas consideraciones sobre la facturación de los profesionales freelance

Hacerse autónomo o empresa, ser un profesional freelance, no es fácil. Existen multitud de trámites y de aspectos burocráticos que se deben realizar, conocer y gestionar adecuadamente. La facturación es, quizá, uno de los elementos principales a los que debe enfrentarse cualquier profesional o empresario, y también es, quizá, uno de los aspectos que mayores dudas suscita. En este artículo vamos a tratar de resolver algunas de las dudas más comunes, y lo vamos a hacer desgranando algunos de los aspectos clave que marcó el RDL 1619/2012 por el cual quedó establecido un nuevo reglamento de facturación.

Obviamente, este artículo está referido a las obligaciones de facturación que nacen de dicha normativa, eso es dentro del ordenamiento jurídico español. Por lo que otras jurisdicciones, países o territorios, de buen seguro tendrán otras obligaciones, derechos y características particulares.
Decir que dicho RDL 1619/2012 ya hace algún tiempo que está entre nosotros y que el mismo resulta plenamente aplicable y en vigor, pero nunca está de más volver a recordar algunos de sus aspectos esenciales, pues sin duda algunos de los aspectos que el mismo plantea siguen causando grandes dudas entre los profesionales y empresas que deben facturar.

Antes de entrar en los principales aspectos que trata el actual reglamento de facturación decir que el objetivo de modificar el mismo nació de, entre otras, una doble necesidad esencial: reducir las cargas administrativas del sujeto obligado a tributar y muy, muy especialmente el aspecto de igualar en la eficacia y en el trato las facturas emitidas mediante sistemas electrónicos y la factura papel.

Así, y relacionado con el párrafo anterior, resulta lógico dilucidar que si uno de los objetivos de la nueva norma legal fue generar igualdad y eficacia entre las facturas electrónicas y las facturas “convencionales”, también este es uno de los principales aspectos que la ley trata. Y es en este punto entonces donde empezamos a adentrarnos en los principales aspectos que atañen al ámbito práctico de la emisión de facturas, y que de buen seguro te afectan si eres un profesional freelance.

A colación con el objetivo de que sean igualmente válidas las facturas electrónicas y las facturas en papel, y de que ambas sean tratadas igualmente, la ley estableció que es el emisor el encargado de garantizar la integridad, contenido y legibilidad de la factura emitida en formato electrónico (por extensión, obviamente también en papel), y también que existe libertad en decidir en qué formato (electrónico o digital), pues existe libertad de elección en la toma de decisión de un u otro tipo de factura. Todo ello en vigor desde el 1 de enero del 2013 que es cuando entro en vigor el mencionado RDL 1619/2012.

Otro de los aspectos esenciales que introdujo el RDL 1619/2012 es la completa imposibilidad de emitir tiques en lugar de facturas, esta práctica que ha llevado controversia a lo largo de años y que sin duda es una de las que mayores dudas, malas prácticas, y leyendas urbanas ha despertado quedó –legalmente- desterrada definitivamente con la entrada en vigor del nombrado precepto legislativo. Un precepto legislativo que estableció la factura ordinaria como sistema habitual de facturación, si bien introdujo una novedosa figura como es la factura simplificada que es la que sustituye a los tiques. Dicho de otro modo, los tiques ya no son válidos de ningún modo como sustitutivos de una factura convencional, si bien, está puede sustituirse por la denominada factura simplificada, una figura de factura que es menos compleja que una factura estándar pero más compleja (por los datos que debe incorporar) que el tique.

Ahora bien, si existe un punto donde las dudas han sido rabiosamente inmensas a lo largo del tipo, ese punto es el de cuál es el momento en el que debemos emitir la factura. Este aspecto también lo intenta resolver el RDL 1619/2012.

Así, de modo esquemático y reducido, decirte que la ley establece que debes emitir la factura en el momento que se realiza la prestación del servicio o la venta del producto (todo ello si la factura se la emites a un particular) o bien cómo máximo el día 16 del mes siguiente del momento en el que nazca el IVA devengado si se la emites a un profesional (otro autónomo como tú por ejemplo o a una empresa).

Entonces te preguntarás, ¿cuándo nace el IVA devengado? Pues bien la ley dice que ese momento es “cuando se presten, ejecuten o efectúen las operaciones gravadas” si prestas servicios y “cuando tenga lugar su puesta a disposición del adquirente o, en su caso, cuando se efectúen conforme a la legislación que les sea aplicable” si vendes productos. Todo con las demás particularidades a las que se deba atender y consideraciones concretas que se deban conocer para llevar a cabo la función de facturación de una forma ajustada en forma y fondo a lo establecido por ley.

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