Cómo negociar una rescisión de contrato

Cuando, como profesionales freelance, establecemos cualquier tipo de acuerdo con, por ejemplo, cualquier cliente o proveedor nuestro estamos, de un modo u otro, celebrando algún tipo de contrato. Un contrato que nos obliga y un contrato que nos otorga derechos, un contrato que mientras todo transcurre adecuadamente en la mayoría de ocasiones ni tan sólo tenemos presente que está presente, pero que cuando surgen problemas todos corremos a ver que dice la letra pequeña, pero ¿qué sucede cuando queremos rescindir dicho contrato?

Obviamente un contrato es un marco regulador con implicaciones jurídico-legales y de ello emana su fuerza, pues si firmar o celebrar un contrato no tuviese ningún tipo de implicación coercitiva, punitiva o como mínimo negativa de algún modo para quien no cumple con lo celebrado o firmado poco o ningún valor tendría celebrar o firmar un acuerdo, por ello es importante que existan unos condicionantes que resulten en un equilibrado compendio de derechos y obligaciones para los firmantes o celebrantes y, por supuesto, ese compendio de derechos y obligaciones se hace extensivo al apartado de la rescisión del mismo acuerdo firmado o celebrado.

Antes de entrar en concreta materia decir que todo el rato se está diferenciando entre celebrar o firmar un acuerdo, pues en realidad siempre que estamos pactando, transaccionando o acordando algo estamos celebrando algún tipo de acuerdo, pero no siempre lo estamos firmando físicamente, si bien a todos los efectos en la mayoría de los casos las implicaciones jurídico – legales serán las mismas por la existencia de libertad de pacto y libertad de forma en lo pactado o acordado.

Ahora sí entrando en materia diremos que obviamente lo adecuado para todas las partes es que el acuerdo se desarrolle según lo previsto y que no existan obstáculos insalvables que empujen a la intención o necesidad de rescindirlo, pero como no siempre es así deberemos tener todas las posibilidades y todas las implicaciones posibles.

De entrada diremos que el escenario más deseable cuando se debe producir una rescisión contractual es que está no sea realizada de forma unilateral, sino que sea pactada y convenida entre las partes, con el mutuo acuerdo de las mismas y sin mayores complicaciones.

El segundo escenario deseable sería aquel en el que sí bien las partes no se ponen de acuerdo en la necesidad de la rescisión del contrato, las mismas han delimitado muy bien las consecuencias y los derechos y obligaciones de cada una de las partes en el caso de que por los distintos supuestos que pueda producirse la rescisión y por tanto si bien la rescisión conllevará implicaciones nocivas, en algún grado perjudiciales para quien decida rescindir, éstas estarán sujetas a un marco concreto y por tanto controladas y puestas las cartas boca arriba y conocedores de las consecuencias desde un primer momento.

Ahora bien, luego existe un tercer escenario, el tercero en discordia y el menos deseable, y desgraciadamente el no menos habitual: se está hablando del escenario en el que las partes ya no tan sólo no se ponen de acuerdo en la voluntad de rescindir el contrato, sino que además las mismas en su acuerdo no han estipulado fehaciente y convenientemente todas las consecuencias ante todos los supuestos que puedan producirse de rescisión. Ante este escenario de conflicto abierto, nos encontramos con distintos caminos a recorrer.

De entrada, el primer camino a recorrer y recorrer es el de persistir en la voluntad de pactar la rescisión, pues muy comúnmente siempre será más beneficiosa para todas las partes una rescisión pactada que una salida unilateral y forzada de la situación. Esta situación puede parecer hacer ganador a quien ha aplicado la fuerza para rescindir el acuerdo, pero éste debe calcular muy bien las consecuencias de aplicar tal rescisión por su cuenta pues no siempre le resultará beneficioso a él mismo.

Pero ¿qué sucede cuando las partes no hay manera de que se pongan de acuerdo? Aquí se iniciará un segundo camino a recorrer, que a la postre derivará en distintos subcaminos y territorios por los que transcurrir, pues dependerá muy mucho de cada caso en particular.

De entrada cabe decir que si no existe posibilidad de acuerdo, obviamente la línea a seguir será la de la confrontación y deberemos tomar todas las medidas legales para conseguir rescindir el contrato si eso es lo que deseamos. En esta fase, conseguir las “cartas dominantes”, aquellas que nos pongan en una situación de fuerza y ganadora son las bazas que deberemos aplicar, unas bazas que pasarán por tener nuestras razones, saberlas defender, deslegitimar las pretensiones de otra parte con el fin de conseguir si puede ser mediante el “jaque mate” voluntario a la otra parte antes de una solución judicial, o en última instancia intentar la rescisión con el menor coste en obligaciones para nosotros del acuerdo que deseamos rescindir.

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