Cómo actuar si un cliente nos demanda

Los conflictos en la vida suceden y no se pueden evitar, y esto que sucede en todos los ámbitos de la vida también sucede en nuestra actividad como profesionales freelance y no por existir conflictos nos debemos asustar, simplemente debemos saber actuar y hacer frente a los mismos, incluso aunque este conflicto nos lleve ante un juzgado.

Aquí vamos a tratar esencialmente el cómo afrontar un proceso judicial de la demanda de un cliente que no queda satisfecho con nuestros servicios, considera que hemos incumplido con el contrato o lo que fuere y nos demanda judicialmente, pero decir cabe que lo aquí expuesto sirve para en realidad cualquier demanda judicial que nos puedan interponer.

Decir cabe que en este artículo no vamos a focalizar ni la acción, ni la respuesta que debemos dar a un proceso judicial contra nosotros en la vertiente legal del asunto, es decir, no vamos a ver que línea argumental de defensa vamos a seguir, ni que pruebas y argumentos vamos a utilizar, ni como vamos a enfocar legalmente el proceso, pues eso dependerá de cada caso en particular. Aquí vamos a enfocarlo desde la vertiente más emocional, personal y de reacción propia que debemos mantener ante el conocimiento de que se inicia un proceso judicial contra nosotros.

Lo primero que debemos entender es que no importa que nos denuncien, una demanda no es nada, pues aunque a muchos les cueste de entender y al escuchar denuncia, demanda, querella o lo que sea ya les entren todos los miedos o sudores fríos, en realidad todo eso no significa ni sucede nada, todo el mundo puede demandar y todos podemos ser demandados, ¿y qué importancia tiene?

Así lo primero que debemos enfocarlo es desde la normalidad. ¿Alguien nos ha denunciado? ¡Perfecto! Así se inicia un proceso donde podremos defendernos, exponer nuestros argumentos y defender nuestra inocencia y nuestra razón, así podremos jugar nuestras cartas.

Como de decía que nos demanden no es nada, no supone nada, simplemente es que alguien, quien sea, no está de acuerdo con algo de la relación que ha mantenido con nosotros y ese desacuerdo o ese conflicto no se ha conseguido resolver entre las partes y ha acudido a la justicia a pedir la intermediación para resolver el conflicto, ¡y es lo que debe hacer! ¡bien que hace! Los conflictos si no se pueden resolver hablando entre las partes por no haber punto de acuerdo, deben dirimirse y resolverse donde debe hacerse, eso es en los juzgados, nada más y nada menos que en los juzgados y tribunales de un país y no hay nada de malo en ello. Al contrario, es positivo, en un mundo civilizado es donde deben resolverse los asuntos y no matando a nadie o utilizando violencia de cualquier tipo.

Partiendo entonces de la base que una denuncia de un cliente insatisfecho no es nada más que la oportunidad de poner en la mesa y defender nuestros intereses es que hemos de vivir con tranquilidad el proceso desde que nos demandan.

Una vez iniciado el proceso tampoco nos debe dar miedo afrontarlo, primero faltará que el juzgado o tribunal admita a trámite la acción en contra nuestra y luego aunque por ejemplo así sea nos imputen o nos acusen (figuras distintas pero que en esencia no son nada, pues simplemente son indicios que existen contra nosotros, pero nadie, nadie puede decir que somos culpables o condenados, hasta que el juez emita sentencia y ésta sea firme) tranquilos, forma parte del proceso, simplemente son palabras, nada más, nosotros sigamos defendiendo nuestros intereses.

Finalmente, tampoco debe asustarnos el desenlace del proceso, es decir, la sentencia. Pues por una parte forma parte del juego, y en segundo lugar si creemos que nos es justa siempre podremos recurrirla y alargar la “partida”, para que nos hayan ganado un “set” pero no la “guerra”.

Atención, que todo lo anterior no significa no tener presente las consecuencias que una demanda contra nosotros pueda tener, ni despreciar las consecuencias civiles o penales que nos pueda acarrear, pues hacerlo no podría ser más irresponsable y peligroso incluso para nosotros (por enfrentarnos por ejemplo a importantes costes, condenas, etc), al contrario hay que tener todo esto presente y ponerlo en valor. Del mismo modo que hay que tener presente y poner en valor que siempre será mejor generalmente un mal acuerdo extrajudicial que llegar a juicio con el objetivo de llegar a un resultado más favorable.

No se está defendiendo que el litigio por el litigio nos beneficie, al contrario, si se puede evitar litigar bienvenido debe de ser y por supuesto ese debe de ser el objetivo, pues es absurdo adentrarse en procesos inciertos, largos y costosos. Lo que se está diciendo es que si bien no se debe ser un irresponsable al que le de igual todo, tampoco se debe ser un temeroso que tema litigar.

Los conflictos no se buscan, pero si se presentan y se deben resolver judicialmente se resuelven y no pasa nada.

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