Cómo proteger las creaciones digitales del profesional freelance

La economía digital, los negocios por Internet y los trabajos freelance han traído consigo nuevas profesiones, han reinventado muchas otras y han otorgado un espacio privilegiado a las profesiones relacionadas con el ámbito creativo y cultural, es decir, con aquel ámbito de creación de obras y elementos que merecen una protección autoral, pero ¿sabemos protegerlos adecuadamente como profesionales freelance que somos?

Obviamente en este artículo nos estamos refiriendo a aquellas obras creativas (tanto sean literarias, escritas de cualquier tipo, audiovisuales u otras) que merecen protección en relación a lo que establece la Ley de Propiedad Intelectual, o dicho de otro modo, en relación a los derechos de autor de las mismas.

Para entrar en materia deberemos decir que un profesional freelance, del mismo tipo que cualquier otra persona es merecedora de la protección que le brinda la Ley de Propiedad Intelectual y que tiene reconocida los derechos de autor sobre sus creaciones, pero ¿qué sucede cuando realiza estas creaciones para terceros? ¿Y qué sucede cuando estas creaciones por ejemplo finalmente el tercero, el cliente, no las paga? Vamos a intentar resolver ambas cuestiones.

Por un lado nos encontramos con los distintos tipos de derechos de autor que existen (que resultan plenamente aplicables también a todas aquellas creaciones que hagamos por ejemplo para promocionarnos, sin venderlas o lo que sea a terceros), pues por una parte nos encontramos con los derechos materiales, patrimoniales o de explotaciones, o por otro lado con los derechos morales. Así, mientras en el primero de los casos son los derechos diremos que de beneficios que podremos obtener por aquella obra, por aquel elemento que habremos creado, en el segundo de los casos estamos hablando de nuestros derechos como “padres de la criatura”, como creadores de ello.

Pero, ¿qué sucede cuando un cliente nos encarga un pedido por ejemplo de artículos o un diseño gráfico y nos exige que, obvia y legítimamente, se los entreguemos “libres de derechos” para que él pueda darle el uso que estime conveniente al pedido que nos ha contratado y pagado? Existen muchas fábulas y mala información al respecto.

Y quien firma y dice lo anterior, pues como titular de un despacho de abogados que es, le duele a la vista, le enferma y desespera ver las mentiras, falsas interpretaciones y datos erróneos que se dan en Internet de ello, de la mala información, de mejor dicho la desinformación que aportan falsos expertos, gente que se hace pasar por entendida en todo y no es entendida ni en saber llevar su casa y cosas por el estilo.

En realidad, no nos engañemos, sólo por ser creadores de la obra, sólo por ser los padres de la criatura ya tenemos los derechos de autor reconocidos, y en lo que concierne a los derechos morales nada ni nadie podrá arrebatárnoslos, ni nosotros mismos podremos renunciar aunque sea voluntariamente a ellos. Dicho de otro modo, somos los padres de la criatura por el mismo acto de haberla concebido y eso nada ni nadie lo pueden cambiar, por tanto todo lo que emane de los derechos morales de la misma nos ocupa a nosotros y sólo a nosotros decidirlo, y cualquier pacto en contrario, siempre será nulo de pleno Derecho.

Entonces ¿ello significa que da igual que cedamos los derechos pues no los podemos ceder? No, no, para nada ello es así, pues otra cosa es que nosotros cedamos legítima y legalmente los derechos patrimoniales de la misma (es decir, que por ejemplo cedamos a otro todos los beneficios económicos que pueda obtener por ella), otorgándole el derecho a explotarla, es decir, por ejemplo a venderla o incluso el derecho a que no se nos nombre a otros como autores y se le nombre a esa persona, pues comercialmente le habremos cedido los derechos y ello será válido y admitido plenamente en Derecho.

Y ¿qué sucede si por ejemplo hemos cedido los derechos de explotación de la obra y luego el cliente no nos paga lo acordado? Pues obviamente que deberemos instar a la dicha resolución de ese contrato por incumplimiento del contratante y notificar que dada la ruptura contractual volvemos a poseer todos los derechos de la misma. Ello es extremadamente aconsejable establecerlo en el marco contractual que nos una al comprador.

Pero para finalizar vamos a ver un caso más complejo: nosotros hemos creado una determinada obra, por ejemplo una obra literaria, cedemos todos los derechos para que el cliente pueda hacer uso de la misma, venderla y lo que sea, pero en un futuro nos arrepentimos y queremos recuperar esos derechos, ¿podemos hacerlo?

Evidentemente, a colación con lo que quien este mismo artículo firma había establecido (la imposibilidad de que se nos quiten y renunciar a la paternidad, a los derechos morales de la obra) puede parecer que sí que podamos recuperarlos, y bien cierto es que en base a esos derechos podremos según la ley decidir sobre la integridad de la obra o las modificaciones u obras derivadas que de la misma se realicen, pero ello no quita que si hemos “vendido” la obra a un tercero, este, sí existe un contrato en vigor, se cumple y todo está en orden tenga unos derechos que se le deben respetar y que si no lo hacemos podemos incurrir en un incumplimiento contractual, por no respetar un acuerdo comercial entre las partes.

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