Reforma de la Legislación Laboral Española y análisis básico para el trabajador freelance

No es de costumbre para quien este artículo suscribe realizar artículos de opinión sobre las materias en los que en ellos versa en esta plataforma. Pues es más de costumbre y estilo de quien firma estos artículos realizarlos más de carácter técnico (si bien, como es obvio, toda mención técnica no esta directamente e indefectiblemente despojada por completo de opinión), y hoy no vamos a romper ese esquema.

Pero dicho lo anterior, si que es cierto que para entender el impacto que en el trabajador freelance puede encontrar en la Reforma Laboral es interesante además de aportar los detalles técnicos de la reforma en la legislación laboral, aportar también los elementos de opinión necesarios (que no serán los únicos, ni tienen porque ser los idóneos, ni por supuesto serán los que formarán parte del pensamiento de todo el mundo, pues en todo caso, simplemente serán en todo caso unos más) para entender cual sería la reforma y los pasos necesarios para que en realidad saliese beneficiado el trabajador freelance.

Entendamos que mayoritariamente el trabajador freelance es autónomo (o bien si no lo es, debería legalmente eso, y esa irregularidad tan sólo a él le compete), así que todo lo que se refiera a los autónomos, a priori es lo que más directamente le compelerá, y es bajo ese prisma bajo el que debemos entender y centrarnos en lo que a la Reforma Laboral Española y en su afectación en el freelance se refiere.

Destáquese que estamos hablando de la Reforma Laboral como si de algo ya sucedido se estuviese hablando, cuando en realidad estamos hablando de una reforma en curso a la que aún le quedan algunos capítulos por jugar y algunas vueltas que dar antes de que vea a la luz su versión absoluta y definitiva.

Pero es bueno hablar de ella como de algo ya materializado, pues que nadie se engañe, a España, del mismo modo que a muchos otros países afectados y aquejados de sus propios excesos pasados no los queda otro camino que ahora someterse a medidas como las que emanan de la reforma en curso. Con esto no digo, que la reforma no sufra algunas modificaciones hasta que este plenamente operativa (conjuntamente con las otras medidas asociadas que deben dar un nuevo rumbo social, económico y laboral), pero digo, que si bien algunos grupos de presión quieren vender lo contrario de cara a su público, hasta ellos mismos saben que ese es para bien o para mal (para ellos) el único camino posible, y se podrá matizar, pero no se podrá dar la vuelta al mismo como a un calcetín.

Y no se podrá dar la vuelta a dicha reforma como a un calcetín, pues España, del mismo modo que muchos otros países que han vivido en un pseudo estado ideal insostenible, ahora deben de realizar una triple y ardua tarea: converger con Europa, Europa converger con el mundo que no quiere quedarse atrás dejando de ser el balneario del mismo, y muy, muy especialmente: dejar de entender las relaciones laborales como se entendían en el siglo XIX, en la primera mitad del siglo XX (plena era industrial) o incluso en las postrimerías del siglo que ya dejamos atrás. Pues la realidad actual en un país que se presupone desarrollado como España nada tiene que ver ya con ese pasado cercano, pero a la vez laboralmente tan lejano.

Y es ahí, en ese cambio de paradigma, donde entran los freelance, y donde entra (y debe de entrar de lleno) la Reforma Laboral. Hoy, ya no existe el trabajo para siempre, hoy trabajamos por proyectos, hoy el trabajador ya no es una máquina y el empresario un explotador de los años cincuenta. Hoy las relaciones son entre iguales y se basan en el conocimiento, la tecnología, la creatividad, y la globalidad, y más así que será aún, mal que les pese a algunos y gloria sea para otros.

Y es en esta nueva realidad, donde la Reforma Laboral pretende incidir, empresas más flexibles, menos rigidez, y también, obviamente pues la necesidad obliga, mayores incentivos a la contratación de determinados colectivos de personas.

Pero si al trabajador freelance, si al emprendedor nos referimos, este encuentra buenas medidas – y que a entender de quien firma van en la buena dirección – en por ejemplo los incentivos a la contratación de un primer empleado menor de 30 años, recibiendo una bonificación de 3000€. O bien en la posibilidad de realizar contratos indefinidos de apoyo a los emprendedores, por los que podremos tener al empleado hasta 1 año en periodo de prueba, y no 6 meses como en la actualidad.

Lo dicho, visto así, y realizado este resumen, parece que los emprendedores, autónomos y freelance empiezan a ver la luz legislativa después de muchos años reclamando medidas de este tipo. Pero que nadie se engañe tampoco, estas medidas no son malas, pero si no van acompañadas de un segundo (y un tercer, y un cuarto) paquete de medidas que ahonden más en la reducción de cotizaciones sociales (y especialmente en las cuotas de autónomo adaptándolas a la realidad de freelance a tiempo completo y tiempo parcial existentes en el mercado), y otras medidas análogas (con especial atención a no pagar el IVA de las facturas que emitimos, hasta que efectivamente estas resulten cobradas), de poco o nada servirán estas medidas que a simple vista pueden parecernos ventajosas.

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