La obligación de colegiarse y los trabajadores freelance

Muchas veces en este mismo blog hemos hablado de la necesidad de que cualquier trabajador freelance (bien, mejor se tendría que decir de cualquier trabajador, de cualquier profesional, aunque aquí nos centremos sólo en el caso de los freelance que son los que nos atañen) este dado de alta debidamente en los organismos de Seguridad Social y de la Hacienda que le competan, para estar al día de sus obligaciones legales en materia laboral y con el fisco. Pero en pocas ocasiones hemos hablado de reunir los requisitos profesionales (a modo de titulación y a modo de colegiación) para ejercer, hoy vamos a hablar de ello.

Hoy vamos a hablar de ello, y lo vamos a focalizar en el caso español, y concretamente en el caso de las profesiones que requieren colegiación obligatoria para poder ejercer. Pero antes de ello conviene hacer algunas puntualizaciones sobre la diferencia entre estar titulado y estar colegiado, y es que de no hacerlo así, el siguiente paso podría llevarnos a confusión.

Por todos y de siempre es sabido, que existen un gran número de profesiones (también de profesiones que se prestan como freelance) que no podremos prestarlas si no estamos titulados para ellas, es decir, que no podremos ejercerlas si antes no hemos realizado unos estudios reglados, en unos centros educativos reglados y nos han dado un título reglamentario para ello.

Lo anteriormente dicho siempre ha sido así, y es obvio que en muchas profesiones ello es indispensable que sea así y que siga siendo así, pues es evidente que por ejemplo en temas vitales como la salud o el derecho, donde está en juego la salud o la libertad y los derechos esenciales de los clientes, no se puede permitir que en el sector operen personas sin la debida capacitación, pero ¿en el mundo actual siempre debería ser así?, y más aún, y esto nos traslada al segundo punto, ¿cuál es el motivo de que además de la correspondiente titulación en muchos casos se exija colegiación?, ¿y ello es justo?

La respuesta a todos los planteamientos anteriores alcanza un único cauce: a entender de quien firma este artículo la exigencia de titulación para poder ejercer es y seguirá siendo indispensable en muchas profesiones que como ya se ha mencionado afecten a elementos claves y vitales de las personas. Pero cada vez más, entramos en un mundo, que la mayoría de profesiones (especialmente las relacionadas con servicios, y especialmente de los servicios que tienen relación directa con las TIC, o que estas han cambiado completamente su forma de prestar el servicio) alcanzarán mayores cotas de desregulación, de autoformación y capacitación individual. Y en consecuencia, lo mismo (al modo de entender de quien firma) debe de suceder con la obligación de colegiarse una vez titulado en el colegio profesional correspondiente para poder ejercer. Pues puede que aún tenga un sentido que existan normativas que exijan colegiarse, como intento de mantener un control, una calidad y unas garantías en la prestación de los servicios de algunos sectores concretos (aquí volvemos básicamente a los relacionados con la salud y el derecho), en el desarrollo de la actividad profesional, pero de buen seguro que en la mayoría de los casos, dicha exigencia ya no tiene ningún sentido.

Y no tiene ningún sentido por varios motivos. Primero, si uno ya está titulado, ¿por qué debe colegiarse para demostrar que está capacitado? Máxime, cuando si vemos que en caso de que en la prestación de sus servicios incurra en negligencia, el colegio no se hará responsable, será él/ella quien deberá hacer frente a la responsabilidad legal en la que incurra. Pero ese no es el único motivo, pues en un mundo global, donde cada vez más las profesiones se difuminan, las personas de todas las nacionalidades se entremezclan e incluso las mismas formas de trabajar se transforman, querer regular lo que funciona de forma natural a otro ritmo puede resultar contraproducente.

Destacar, que aunque lentamente, en España se van dando pasos al respecto, y uno de ellos es la intención de cada vez más ir desreglando las profesiones que requieren de colegiación, dejando sólo y básicamente las profesiones relacionadas con el ámbito jurídico y con el ámbito de la salud como las únicas que requerirán colegiación.

Ello está causando un fuerte revuelo en algunas profesiones que quieren mantener su poder de presión, sus beneficios y su “statu quo” que tanto les beneficia. Pero no se pueden poner vallas al monte y el cambio es inexorable. Buena muestra de ello, son por ejemplo la prohibición a los colegios profesionales de que dicten unos honorarios mínimos u orientativos a sus miembros. O directivas como la Directiva Bolkestein, una directiva de la Unión Europea, que si bien no abarca directamente el caso de la colegiación, si que exige que en el seno de la Unión Europea no existan límites en la circulación y en la prestación de los servicios.

Sin duda, dos buenas muestras (aunque la última como se ha dicho, no se refiere tanto a la colegiación, sino que va más relacionada a la posibilidad de que cualquier profesional miembro de la unión, pueda prestar libremente sus servicios en todo el seno de la Unión Europea), de que la liberalización de las actividades profesionales ha iniciado un camino sin retorno. Y que duda cabe que ello tendrá un gran impacto (positivo para algunos, negativo para otros) en muchos trabajadores freelance.

Un comentario

  1. jaime
    Publicado el 22 septiembre 2011 a las 04:25 | Permalink | Responder

    Desgraciadamente vivimos en un mundo donde todo se compra con dinero o influencias y por tanto colegiado o no colegiado, profesional o no profesional, los mejores no consiguen lo mejor así que no hay incentivos para estar mejor calificado. De todas maneras, siendo un freelancer nadie te dara una explicacion si no toman tus servicios asi estes colegiado o no. Ejemplo, sitios (que en realidad son negocios masivos como Freelancer) donde supuestos traductores de español que ni siquiera hablan el idioma, consiguen trabajos sin una evaluacion justa de los meritos, sino por otras razones como el valor de tu membresía, nacionalidad, etc. y, cuando no, a travéz de argentinos infiltrados.

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