Cuidado con los regalos, la ley actúa

Estamos en tiempo de fiestas navideñas, uno de los momentos del año donde las personas en general, pero también los profesionales en particular se realizan más obsequios y presentes. Es una de las épocas del año (aunque evidentemente ni mucho menos la única) donde la gente se regala más cosas, pero mucho cuidado con los regalos, pues no vaya a ser que Santa Claus nos lleve a los tribunales, y eso también afecta los trabajadores freelance.

La entrada de este artículo, entre algo sarcástica e irónica, nos sirve para situarnos en un problema serio, el de los sobornos en el ámbito personal, pero sobre todo en el ámbito profesional y empresarial. Y para intentar dar solución a esta problemática, precisamente este día de Nochebuena del año 2010 en España entrará en vigor una dura legislación que castiga los regalos, obsequios y demás que tengan ánimo de obtener contraprestaciones con penas de prisión de entre seis meses y cuatro años, y con penas para las personas jurídicas que pueden ir desde la sanción económica, al cese de actividad.

Esta legislación que a priori es beneficiosa y su intención es positiva, pues pretende acabar con una lacra que ha llevado a España ha situarse entre uno de los países desarrollados más corruptos, y que pretende regular por ley una realidad social que en muchas ocasiones se ha desbocado y ha implicado y salpicado a personas de todo tipo y condición, y a personas y personalidades tanto públicas como privadas despierta algunas dudas, y muchas de ellas abarcan a los profesionales, también a los autónomos y freelance.

Y es que la duda más grande que esta legislación presenta es la dificultad de definir, de marcar y delimitar la línea entre el simple regalo de cortesía, de reconocimiento comercial o de placer, por aquel destinado a obtener beneficios a cambio. Sinceramente el que suscribe piensa que en la práctica esta legislación será un gran y buen fuego de artificio pero sin grandes efectos reales, pues probar la intención del regalo será difícil y en muchos casos imposible, y hemos de recordar que en todo caso prima la presunción de inocencia, y que ante la duda, las garantías procesales impedirán la condena.

Es muy diferente por ejemplo si somos trabajadores freelance y tenemos por costumbre realizar por ejemplo en estas fechas navideñas obsequios a nuestros mejores clientes con la mera intención de agradecerles su fidelidad a nosotros, que si le realizamos un regalos a una persona influyente de una determinada empresa u organismo para que nos contrate a nosotros en detrimento de otras opciones. Es muy diferente, sí, pero, ¿dónde está esa línea que delimita lo licito de lo ilícito?, ¿y quién la demuestra?, y especialmente, ¿no puede eso generar indefensión y generar problemas en las relaciones comerciales y de buena fe en las que nos movemos habitualmente?, ¿y no limita esto, el derecho de cada uno de regalar lo que le plazca? Demasiadas preguntas cerradas, para múltiples respuestas abiertas.

Por la parte contraria también nos podemos encontrar con problemas, es decir, igual que nosotros tenemos clientes, otros nos tienen como clientes a nosotros, y también nos pueden querer realizar algún obsequio, en esté caso también tendremos que ir con especial cuidado de cómo y porqué recibimos el regalo, si no queremos que un simple presente nos pueda llevar entre rejas.

Como recomendación general decir que probablemente la opción más fácil y salomónica, pero a la vez muy difícil de aplicar sería la de renunciar a realizar o recibir cualquier obsequio en nuestra actividad profesional (y el que firma se atreve a decir que casi en nuestra vida personal, pues ley en mano también implica a particulares) , pero como que esta recomendación limita con lo absurdo y es a todas luces impracticable lo más fácil para nosotros es si somos profesionales freelance autónomos delimitar muy claramente y establecer una política muy clara en relación de cualquier regalo que vayamos a recibir o realizar, y en el caso de estar instrumentados a través de una sociedad esa necesidad de claridad, control, y de política clara se multiplica.

Resumiendo, como norma general deberemos dejar de ver como normal aquello de por ejemplo darle más pedidos a un cliente que a otro porque nos realiza obsequios, o de dar un trato a unos u otros y demás prebendas por el estilo, que hasta ahora veíamos como simple juego comercial y que para nada podíamos pensar que rayaban el soborno. Probablemente es llevarlo al extremo y tampoco sea necesario, pues en muchos casos seguirá formando parte del juego, del descuento y del obsequio comercial, pero de buen seguro que es la mejor y más segura forma de no tener ningún problema con la justicia, de buen seguro que es la forma de comernos los turrones de este año y de muchos más con plena y completa tranquilidad.

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