Nociones básicas sobre los impuestos que debe soportar un freelance

El actual auge de las formas de trabajo freelance, la ruptura de los tradicionales espacios, la difuminación de las fronteras, y los sistemas de contratación y pago electrónicos han provocado una dilución del concepto que teníamos de un trabajo desarrollado con el correspondiente pago al fisco, a la hacienda pública.

Pero esta difuminación que evidentemente es real, y que se percibe en cada una de las plataformas y de los trabajos cerrados en está modalidad, no significa que deba de ser así, ni tiene que ser así. Y si bien es cierto que cada uno podrá tener sus consideraciones personales de modelo social y por ende de las retenciones a realizarse o impuestos que deberían ser pagados para la bolsa común. Y también lo es que en todo caso, esta difuminación se produce siempre en todos los cambios que se producen en cualquier sociedad y sobre cualquier tema, pues el cambio siempre precede a la regulación y la legislación. También es cierto que ello no es menester para que no cumplamos con las obligaciones de índole fiscal que nos correspondan, y para ello debemos conocer, aunque sea a grosso modo cuales son.

Primero se tiene que decir que probablemente la causa de la percepción de esta difuminación sea la informalidad con la que se tratan muchas de estas contrataciones o colaboraciones, igual que aun falta legislación al respecto, también falta cultura popular y conocimiento de una realidad que esta muy en boga y muy presente en nosotros, pero que en realidad es muy reciente, y sobretodo muy novedoso con el carácter etéreo de muchas colaboraciones. Así, si avanzásemos en esa cultura de la sociedad por el trabajo freelance y se entendiese simplemente como una nueva forma de desarrollarse profesionalmente, o mejor dicho, como una actualización del tradicional autónomo, probablemente generaríamos ese imaginario popular, ese conocimiento común de que se trata de una actividad económica de carácter profesional más para quien la practica.

También es de recibo decir que como que en la actualidad muchas de estas contrataciones se efectúan virtualmente, entre distintos países e incluso continentes, sin contacto en muchas veces personal, y faltando aún muchos mecanismos y sistemas al respecto, sucede que a veces aun y queriendo muchos se verán dificultados para poder desarrollar al modo “tradicional” la actividad. Pero que no se engañen, ello no es justificación para no hacerlo y para no estar obligado legalmente a ello.

A partir de aquí, y de tratar al trabajo freelance, y al trabajador freelance como un prestador de servicios profesionales más y que por ende desarrolla una actividad profesional con rendimientos económicos, cabe decir que este trabajador por cuenta propia cuenta con los mismos derechos y obligaciones que un asalariado por cuenta propia de cualquier otro ramo, inclusive en lo relativo en los tributos a satisfacer.

Una vez ya se ha hablado asentando la similitud entre un trabajador freelance y un “autónomo de toda la vida”, es momento de entrar en las obligaciones fiscales a satisfacer. En este punto es muy complejo y depende mucho de la ubicación del trabajador, de su país, de a que clientes les preste servicios, la ubicación de estos, que tipo de servicios y desde donde se prestan los mismos, y mil y un detalles que hacen aconsejable siempre contar con el asesoramiento profesional de un buen asesor fiscal que nos ponga al día, nos asesore y nos lleve todos nuestros asuntos con el fisco, pero a grandes rasgos nos encontramos con los siguientes impuestos:

Huelga decir que en cada país los tributos igual que pueden cambiar o ser distintos también pueden referirse a los mismos o análogos pero con distintos nombres. Lo aquí expuesto es la tributación esencial y básica de un freelance en España. Y este esta sujeto básicamente a dos impuestos: el IRPF (Impuesto sobre la renta de personas físicas) y el IVA (Impuesto al valor añadido), y tienen el funcionamiento que se expondrá a continuación.

Explicado de una forma didáctica y sencilla diremos que el IRPF es aquel impuesto que pagaremos según los beneficios que obtengamos de nuestra actividad, y que se calculará (con muchos matices y muchas consideraciones a ampliar) por el cálculo de los ingresos que tenemos, menos los gastos que soportamos derivados de nuestra actividad profesional, y de ese resultado, se aplica un determinado porcentaje a pagar. Y el IVA es aquel impuesto que nosotros cobramos a cada cliente nuestro por cada servicio que le prestamos o producto que le vendemos y viceversa, pero en el que simplemente actuamos como intermediarios de la hacienda pública que es a quien se lo hemos de dar. ¿Cómo se calcula? Sumamos todo el IVA que cobramos y le restamos todo el IVA que pagamos (profesionalmente), el resultado es lo que deberemos pagar o recibir a o de la hacienda pública.

Un Trackback

  1. […] estar constantemente informándose y conociendo las novedades en finanzas, contabilidad, impuestos, […]

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